A la intemperie: Conservación preventiva de la escultura contemporánea en Puerto Rico
- Secretaría Ejecutiva
- Aug 2
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Julio 2026
Por: Marcela M. Zegrí Hernández

Cuando pensamos en la conservación del patrimonio cultural, solemos imaginar procesos de restauración complejos que se llevan a cabo cuando una obra ya se encuentra en deterioro y presenta daños visibles. Sin embargo, uno de los principios de la conservación contemporánea consiste precisamente en evitar llegar a ese punto. Este enfoque, conocido como Conservación Preventiva, se define como “… parte de una estrategia de manejo de riesgos orientada a minimizar las amenazas antes de que estas comprometan la integridad del bien cultural.” (Daly Hartin 2018) La conservación preventiva es crucial para el mantenimiento de una obra, especialmente cuando se trata de piezas de arte público expuestas permanentemente a las condiciones del exterior. En este contexto, el mantenimiento debe entenderse como un conjunto de acciones planificadas que incluyen inspecciones periódicas, limpieza compatible con los materiales, documentación continua y la elevación de riesgos. Más allá de comprender las necesidades de las obras, la conservación preventiva nos invita a reflexionar sobre la relación entre el patrimonio, el clima local y la identidad cultural.
El arte público entrelaza el arte y su entorno con las dinámicas de la ciudad a través de diferentes medios, como murales, esculturas, piezas arquitectónicas, performance, entre otros. Como menciona Maderuelo (2002): “La ciudad es una huella cultural, es a la vez el resultado y el marco pertinente de las manifestaciones culturales, es soporte y expresión del arte, es decir, de lo hecho por el hombre…,” Más allá de su valor estético, el arte público constituye parte de la memoria colectiva de las comunidades; es capaz de interpretar la historia del espacio en el que se establece y al abarcar temas políticos, sociales, económicos y ecológicos, se presenta como un arte atevido que reclama ser visto.
En Puerto Rico, esta huella es profunda; el arte público se remonta a nuestros ancestros prehispánicos, quienes se expresaban por medio de jeroglíficos en diversos espacios para documentar historias y plasmar interpretaciones de sus dioses. (Moraya 2018 citado por Chirino 2023-24). No obstante, en la época moderna, surge como resultado de esfuerzos institucionales para integrar el arte en la vida cotidiana. Los inicios se remontan a las décadas de los 30 y 50, impulsados por el esplendor del muralismo que llega a la isla y es interpretado por artistas como Rafael Ríos Rey junto a la gestión cultural de la División de Educación de la Comunidad (DIVEDCO). Desde estos primeros pasos hasta los simposios internacionales de escultura celebrados en la Universidad de Puerto Rico (UPR) durante la década de los 90 e iniciativas posteriores como el Proyecto de Arte Público de Puerto Rico, desarrollado a inicios de los 2000, se consolidó una visión del arte como componente esencial del paisaje urbano de la isla.
Este último proyecto, auspiciado bajo la administración de la gobernadora Sila María Calderón y dirigido por Miguel Rodríguez Casellas, presentaba el arte público como una herramienta de revitalización social y urbana, capaz de transformar el entorno construido y fortalecer la relación entre los ciudadanos, el espacio y la producción artística contemporánea. Los esfuerzos del proyecto fueron masivos; se proyectaba la instalación de noventa obras de artistas locales y extranjeros en espacios diversos como parques, playas, centros comunitarios, carreteras, las estaciones del Tren Urbano, entre otros. El proyecto abrió la convocatoria a disciplinas como la escultura, el diseño industrial e instalaciones, repensando las posibilidades del arte público.
Sin embargo, la permanencia de estas obras ha planteado desafíos extraordinarios. Como resalté anteriormente, a diferencia de las piezas resguardadas en museos, las esculturas situadas en el exterior se encuentran expuestas de forma constante a la interacción humana, como el vandalismo, y a los factores naturales agresivos del trópico. El clima caribeño presenta retos particulares bajo el conocido “agua, sol y sereno” que incluyen alta humedad, salinidad o “salitres” de las zonas costeras, radiación ultravioleta causada por los rayos del sol, lluvias frecuentes y la amenaza constante de tormentas y huracanes.
Los efectos de estas condiciones varían según los materiales de cada obra. En esculturas metálicas, como las realizadas en corten, bronce, acero o aluminio, pueden desarrollarse procesos de corrosión, alteraciones de la pátina, acumulación de contaminantes y de depósitos minerales. Un ejemplo crítico se observa en el Jardín Botánico de la UPR con las obras Cardumen para un Jardín (1996) de Carlos Guzmán y La Conciencia Empírica (1996) de Leopoldo Maler. Ambas fueron creadas con metal Corten, un material altamente valorado en las esculturas públicas por su durabilidad, bajo mantenimiento y su pátina protectora autorregenerable. Entonces, si este metal es famoso por estas cualidades, ¿por qué no funciona aquí? La respuesta está en el trópico: para que el corten genere la pátina de óxido protectora, necesita ciclos alternos de humedad y sequedad. La humedad constante de la isla dificulta estos periodos de secado, ocasionando, en cambio, una corrosión activa que descama y deshace el metal.

Curiosamente, muchas de estas preocupaciones ya estaban presentes en la conceptualización de los proyectos en la isla. En los documentos del Proyecto de Arte Público del 2000 se especificaba el requisito de: “evitar materiales y técnicas que requieran un mantenimiento intenso o cuya fragilidad constituya un inconveniente a largo plazo.” Esto demuestra que la implementación de prácticas de conservación preventiva fue considerada desde el diseño de las piezas como parte esencial para favorecer su permanencia. Se conocía que implementar programas de mantenimiento continuo requiere planificación, recursos económicos, personal capacitado y una gestión sostenida en el tiempo que involucre a toda una comunidad. La selección de materiales debía ser adecuada. Esto pone sobre la mesa uno de los principales retos de la conservación de estas piezas: establecer estrategias de prevención especializadas para cada obra y definir responsabilidades que permitan garantizar el cuidado de estas. Ante esta realidad, una gran cantidad de esculturas públicas se encuentran en deterioro. Recurrir a procesos de restauración es un privilegio con el que solo cuentan unas pocas piezas.
Un caso concreto es "Las Musas" de Annex Burgos (2004). Un conjunto escultórico que rinde homenaje a mujeres puertorriqueñas destacadas en las humanidades. A tan solo 20 años de su inauguración, como resalta el informe de restauración elaborado por la División de Conservación del Museo de Arte de Puerto Rico (MAPR), ya presentaba acumulación de depósitos minerales, como el calcio, desgaste de su pátina, corrosión evidente en su superficie y acumulación de basura en la base. En teoría, existen protocolos recomendados dirigidos a proteger este tipo de obras durante eventos atmosféricos, como el traslado temporal a un espacio seguro. Sin embargo, ponerlos en práctica no siempre resulta sencillo debido a los retos logísticos y los recursos —grúas, personal con conocimiento adecuado, entre otros— que estas acciones requieren.
El impacto de los eventos atmosféricos extremos representa, sin duda, uno de los mayores peligros para el patrimonio público del país. En 2017, el huracán María mostró la vulnerabilidad de estas colecciones ante la ausencia de protocolos efectivos para el manejo de emergencias. En el Jardín Botánico de la UPR, la pérdida de la gran mayoría del arbolado dejó expuestas las doce esculturas del espacio a la radiación solar directa, humedad persistente, crecimiento biológico y acumulación de suciedad. Algunas piezas sufrieron daños estructurales por los fuertes vientos, como ocurrió con El Bosque (1992) por Hernández Cruz, donde se torcieron algunos tubos de acero. Otras, como Maquinotrón Aire-Tierra (1996) por Soucy de Pellerano, colapsaron. Más allá del impacto inicial provocado por el huracán, la falta de una respuesta rápida y organizada agravó el deterioro de las piezas, cuya recuperación parcial en el jardín terminó dependiendo del esfuerzo voluntario que no estaba preparado para manejar este tipo de colección.
Existe, además, un reto menos visible pero igualmente crítico: la falta de documentación. Más allá del monitoreo físico de una obra, la conservación preventiva también implica preservar la información que permite comprender una obra y tomar decisiones informadas sobre su cuidado. Durante la investigación histórica de las esculturas del Jardín Botánico de la UPR, nos enfrentamos a una desigualdad de información guardada para cada pieza. Se logró encontrar más información sobre artistas locales que sobre extranjeros. Mientras algunas conservaban expedientes y registros relativamente completos, otras presentaban importantes vacíos documentales que dificultaron la reconstrucción de su historia, los procesos relacionados con su creación e incluso la identificación de información básica sobre las piezas.
Estos ejemplos discutidos nos exhortan a cambiar de mentalidad, pensar en la conservación preventiva del patrimonio tangible, dejar de actuar únicamente ante la urgencia y comenzar a desarrollar estrategias sostenibles de gestión y cuidado del arte público. Algunas de estas estrategias incluyen:
Inspecciones y mantenimiento periódico,
Limpieza compatible con los materiales específicos,
Seguir los protocolos de respuesta ante eventos atmosféricos,
Colectar y preservar toda la documentación adecuada,
Educar a la comunidad sobre el manejo del cuidado de las obras.
El arte público escultórico forma parte esencial de la memoria visual y cultural del Puerto Rico contemporáneo. Estas obras transforman espacios urbanos o naturales, documentan aspiraciones institucionales, procesos creativos y experiencias colectivas. Por ello, la conservación preventiva no debe entenderse como una práctica secundaria, sino como una responsabilidad fundamental dentro de la gestión del patrimonio cultural. La permanencia de estas esculturas no solo depende de la calidad de sus materiales, sino del compromiso con su cuidado continuo. Es decir, nos toca a todos cuidar de ellas.
Los casos discutidos evidencian que el deterioro de estas obras no es inevitable, pero se agrava por el resultado de la falta de planificación, recursos, mantenimiento y documentación adecuada. En una isla con factores agresivos respecto al clima, es importante adoptar una visión preventiva. Solo mediante la implementación consistente de estas prácticas será posible asegurar la permanencia de estas obras dentro del espacio público y proteger su valor patrimonial a largo plazo, para así garantizar que las generaciones futuras disfruten de este legado artístico.
Bibliografía
Daly Hartin, D., Baker W., Barclay R., and Prutulak G. 2018. Caring for outdoor objects. Government of Canada, Canadian Conservation Institute, https://www.canada.ca/en/conservation-institute/services/preventive-conservation/guidelines-collections/outdoor-objects.html
Chirino, Alexandra. (2023 - 2024) El arte urbano en Puerto Rico y su efecto socio cultural. Revista de la Asociación de Maestros de Puerto Rico Museología y Educación. Pg 128 - 141.
Informe de Restauración Musas de Annex Burgos División de Conservación Museo Arte Puerto Rico. Colección del Centro de Bellas Artes Luis A. Ferré.
Jiménez Martínez, Ingrid. El Proyecto Arte Público. 2004. Art nexus. https://www.artnexus.com/es/magazines/article-magazine-artnexus/5d6320ac90cc21cf7c09ec0e/53/el-proyecto-arte-publico-en-puerto-rico
Luis Hernández-Cruz. Entrevista a Artistas. 6 al 20 de mayo 2026. CENCOR Puerto Rico.
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REF-ARTE 711.409 A784 Arte público: naturaleza y ciudad. Javier Maderuelo (ed.) Xerardo Estévez, Gloria Moure, Pierre Restany y Gilles A. Tiberghein. Fundación Cesar Manrique. El Arte de hacer ciudad de Javier Maderuelo. Sala de Estudio e Investigación Museo de Arte de Puerto Rico.
Santana Miranda, Sadot. Convocan voluntarios para rehabilitar el Jardín Botánico UPR. UPR Diálogo. 28 septiembre 2017. https://dialogo.upr.edu/convocan-voluntarios-para-rehabilitar-el-jardin-botanico-upr/
Sun, Cindy. Acero corten: beneficios, fallas y causas de uso. 8 enero 2026. https://china-casting.com/es/acero-resistente-a-la-intemperie/
Biografía
Marcela M. Zegrí Hernández es egresada del programa de Bellas Artes con concentración multidisciplinaria y concentración menor en Estudios Italianos y Conservación del Patrimonio Tangible de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras.
Su práctica artística abarca la pintura, la escultura, el diseño de escenografía y más. A lo largo de su trayectoria académica, su formación ha trascendido la práctica plástica tradicional para adentrarse a la museología, museografía, la educación en museos y la conservación preventiva. Este compromiso con el patrimonio cultural se refleja en su labor en diferentes instituciones como Museo Casa del Libro, Museo de Historia Antropología y Arte (MHAA), el Museo de Arte de Bayamón (MAB) y el Centro de Conservación y Restauración de Puerto Rico (CENCOR). En donde aportó en proyectos investigativos, educativos, operacionales de un museo y conservación preventiva.
Actualmente aspira a expandir su investigación y producción artística y colaborar en proyectos orientados a la difusión y cuidado del arte. Aspira cursar estudios graduados que le permitan seguir aportando a la preservación del patrimonio.
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